COLUMNA | BECARIADO

Becaria precaria en Moncloa

"¿Y qué fué lo que hiciste en Moncloa?", me preguntan en cada entrevista de trabajo. No me preguntan, sin embargo, cómo llegué hasta allí. Saqué una matrícula de honor en Multimedia y me ofrecieron ser becaria en la Secretaría de Comunicación desde la sede de la Presidencia del Gobierno. Acepté: tercero estaba a punto de terminar y la incertidumbre sobre el futuro laboral era una constante. Durante el verano de 2017 trabajé en lo que llaman Comunicación Política, para lo que tuve que escuchar, anotar y reescribir una cantidad absurda de tertulias matinales, resúmenes con los que después elaboraban el argumentario del partido en el Gobierno, en esa época, el del Partido Popular.
Una manifestante alza una pancarta en la que se lee "Soy becaria" durante la protesta con motivo del Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo de 2019, frente al Museo Reina Sofía de Madrid. | Sofía Torres
Una manifestante alza una pancarta en la que se lee "Soy becaria" durante la protesta con motivo del Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo de 2019, frente al Museo Reina Sofía de Madrid. | Sofía Torres
Becaria precaria en Moncloa

Este boletín informativo era el termómetro ideal para conocer qué temas estaban en la agenda setting¹ de televisiones y radios. Había frases de los periodistas en las tertulias que se mantenían literales. El documento de resumen se enviaba a los jefazos de Comunicación que escriben el argumentario, un guión para que el político memorice el mensaje del partido y un mecanismo para posicionar la opinión del Gobierno. Sin guión se pierden… Ejemplo de ello son las rocambolescas declaraciones de Rajoy: “Cuanto peor, mejor para todos, y cuanto peor para todos, mejor”.

El periodismo tiene eso: un día no eres nadie y otro puedes comprobar que la misma frase que has escrito para resumir una tertulia se ha convertido en la declaración del entonces portavoz del Gobierno y Ministro de Educación, Cultura y Deporte, Íñigo Méndez de Vigo, tras la reunión del Consejo de Ministros y sin tocar una coma. “Estamos ante el enésimo anuncio del anuncio y cuando haya algún acto en ese sentido será recurrido”, recitó Méndez de Vigo en referencia al 1 de octubre como la fecha escogida por el ex presidente de la Generalitat de Cataluña y actual miembro del Parlamento Europeo, Carles Puigdemont, para celebrar el referéndum de independencia.

Otro día pregunté por eso que en mi departamento llamaban “piticlines": mensajes de texto de 160 caracteres que se envían a los móviles de los políticos para que conozcan la última hora. Supe que hablábamos del “sistema de alerta informativa" de Moncloa. El resto de días, la rutina te demuestra que eres una becaria precaria más, con estrés, ansiedad y sin dinero.

—Precisas mucha formalidad e ir vestida bien, es Presidencia. No puedes cobrar nada porque es un organismo público y las instituciones públicas no pueden pagar a sus becarios.

Así me lo explicó Julia, la profesora que sirvió de enlace. Ésta beca en Moncloa era algo sui géneris y no figuraba entre las ofertas de la bolsa de prácticas de la UCM, Gestión Integral de Prácticas Externas (GIPE). Es decir, no estaba sujeta a una ninguna regulación, ni a un convenio con la Universidad, y por lo tanto, no se podía pedir cuentas a la oficina de empleo. A un becario en la Moncloa no solo le cuesta el esfuerzo, tiene que pagar por hacer ese trabajo, por el transporte y los cafés, y al terminar, pagar la tasa de convalidación de créditos.

Tres meses estuve en Presidencia: desde el 6 de junio hasta el 6 de septiembre. Cada día pasaba mi bolsito formal por una de esas cintas de seguridad de rayos X, enseñaba mi tarjeta y saludaba a los policías con fingida naturalidad mientras escuchaba Omertà de Zoo. Durante ese lapso en el que cruzas las puertas de Moncloa puedes sentirte importante o farsante.

En dos semanas dejé de aprender “técnicas periodísticas”. A partir de entonces era como una trabajadora más que debía entregar el resumen a tiempo, con la eficacia de un funcionario que lleva haciendo la misma labor veinte años... ¿Era mi responsabilidad? La monotonía, la irónica falta de comunicación con otros becarios y sobre todo el carácter gratuito van frustrando al estudiante en prácticas.

Para mi sorpresa, el vicedecano de la facultad de Ciencias de la Información, encargado de las prácticas, me confesó que era consciente de lo funesto de esa beca y que habían pedido en varias ocasiones que se regulase a través del GIPE. No fue más allá, tampoco él querría saber más. Al fin y al cabo la ciudad de Madrid se queda en stand by cada verano, o al menos eso parece. Sin embargo, cada época estival las redacciones de periódicos, radios y departamentos de comunicación privados, o públicos como el de Presidencia, se llenan de becarios que, por sueldos muy bajos al mes o sin sueldo, cubren los puestos de los que están de vacaciones.

¹La teoría de la agenda setting, desarrollada por Hallin y Manini, no plantea lo que hay que pensar sino sobre qué temas tiene que pensar la opinión pública.

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