ARTÍCULO | DESINFORMACIÓN

Apuntes básicos para una educación mediática

Si echo algo en falta es lo que ahora se conoce como educación mediática o News Literacy. Quizá sea común entre periodistas milenials, en ciernes, de la llamada "Generación Z": nacida en lo analógico pero educada a través de las nuevas tecnologías.
Vista de la obra de arte 'Deserción' en tela, algodón y papel, de Macarena Luján, expuesta en el centro cultural Recoleta de Buenos Aires, que representa un pupitre escolar enclenque evocando la inestabilidad de la educación. | Andrés Herrero
Vista de la obra de arte 'Deserción' en tela, algodón y papel, de Macarena Luján, expuesta en el centro cultural Recoleta de Buenos Aires, que representa un pupitre escolar enclenque evocando la inestabilidad de la educación. | Andrés Herrero
Apuntes básicos para una educación mediática

Los periodistas milenials no hemos gozado de ese privilegio del que algunos niños de hoy en día pueden disfrutar en las aulas: la implementación de estrategias que promueven la alfabetización mediática. No está muy extendida: de los 35 países que recoge el estudio Media Literacy Index 2018, España se encuentra en el puesto 13º. Lideran el ranking Finlandia, Dinamarca y Países Bajos. Poco a poco se va afrontando con mayor solvencia el constante reto que implica una vida en formato multimedia.

El programa de la UNESCO de alfabetización mediática e informacional (MIL), dos campos que suelen ir separados, busca que los docentes puedan formar en la lectura de todo tipo de contenido escrito en las aulas y propiciar entre los alumnos el pensamiento crítico y analítico sobre los medios. Destacaba en 2011 sus 5 leyes de la Alfabetización Mediática e Informacional (MIL), que podrían resumirse en que no hay que tomarse todo lo leído al pie de la letra, debe darse a conocer la variedad de herramientas de información que la ciudadanía tiene a su servicio, la MIL requiere tiempo, y la ciudadanía debe ser alentada a comunicarse.

El formato multimedia es uno de los rasgos definitorios del siglo XXI. Los llamados milenials han tenido que hacer frente al impacto de los medios de comunicación de masas. El infinito mundo de posibilidades que promete una conexión a Internet es, en la mayoría de los casos, un arma de doble filo. Y lo es precisamente porque gran parte de usuarios –con una mayoría de población joven, según varios estudios– desconoce cómo el consumo mediático a través de Internet afecta a nuestra percepción de la realidad como ciudadanos y como lectores. La periodista y profesora Bárbara Yuste explica en su artículo Las nuevas formas de consumir información de los jóvenes que las generaciones más jóvenes, que se desenvuelven como pez en el agua en el mundo online, viven enganchadas a sus teléfonos y a los servicios de mensajería instantánea que les permiten estas siempre "en línea" y mantener una estrecha relación con su red de contactos.

La educación mediática ha permanecido a la sombra de la esfera pública, a pesar de su importancia, hasta que el debate público ha comenzado a utilizar conceptos como posverdad y desinformación. Aunque en las redes sociales se den las condiciones para la proliferación de fake news y clickbait, no son el monstruo que emplean los detractores de la libertad de expresión ya que las redes sociales también son una herramienta contra la censura.

Cuatro claves sobre educación mediática

  1.  Tomar consciencia de lo que supone vivir “infoxicados. ¿En qué punto de la vida se debe aprender a hacer un consumo mediático responsable y a ser consciente del impacto que este puede tener en el desarrollo cognitivo? ¿Cuándo debe una persona comenzar a distinguir los límites entre información real y contenido patrocinado por empresas (branded content)? ¿Por qué solo en titulaciones académicas donde es necesario hacer un adecuado tratamiento de la información se estudian los entresijos del mundo digital? 
  2. Distinguir entre lo que parece y lo que es. La información que aparece más arriba en la primera página de nuestro buscador no siempre es la más relevante, o la más interesante, o la más conveniente para resolver nuestras dudas. Según nuestro perfil y consumo en la red, el big data posiciona ciertos resultados. Son “truquillos” como el SEO (Search Engine Optimization) y el SEM (Search Engine Monetization), estrategias del nuevo periodismo digital y del marketing de contenidos para guiar el consumo de artículos periodísticos, vídeos, y también publicidad.
  3. El periodismo debe alertar sobre los múltiples bulos y noticias falsas que circulan por las redes sociales para combatir la epidemia de desinformación. Se trata de una preocupación creciente desde el auge de Wikipedia, donde es necesario preguntarse cómo de fiable es ese contenido. Varios medios de comunicación emplean herramientas periodísticas de verificación de información, como TJ Tool en Público, The Trust Project en El Mundo y El País, etc., en base a una serie de parámetros que determinen el grado de fiabilidad de una fuente o noticia.
  4. Existen herramientas y algoritmos de verificación de noticias a disposición del consumidor. Los conocidos fact-checking services son recursos de libre acceso para empoderar a la ciudadanía en un consumo mediático adecuado frente a las noticias falsas; sin embargo, apenas se usan. La alfabetización mediática es la mejor manera de luchar contra la posverdad en un mundo multimedia e hiperconectado. Tal como señala el diseñador gráfico Richard Saul Wurman en Information Anxiety, “Todo proceso de aprendizaje nace del interés, la curiosidad y la iniciativa del potencial alumno”.
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