ANÁLISIS | ESPECIAL 8M

Suelo pegajoso y techo de cristal en las redacciones

La Plataforma en Defensa de la Libertad de Información (PDLI) ha publicado el primer Estudio sobre mujeres periodistas en España a tres días de la huelga general con motivo del Día Internacional de la Mujer 2020. Éste informe realizado por la consultora Ideara en Madrid ha tomado como muestra a 322 encuestadas. Desde la PDLI, justifican la importancia de este primer estudio: “Es necesario sacar a la luz la opinión de las periodistas, siempre hablamos de la problemática de otras mujeres, pero nunca se dice cuál es la nuestra propia”.
Periodistas de RTVE sujetan una pancarta en el Día Internacional de la Mujer el 8 de marzo de 2019, frente al Museo Reina Sofía de Madrid. | Sofía Torres
Periodistas de RTVE sujetan una pancarta en el Día Internacional de la Mujer el 8 de marzo de 2019, frente al Museo Reina Sofía de Madrid. | Sofía Torres
Suelo pegajoso y techo de cristal en las redacciones

Cuando hablamos de suelo pegajoso nos referimos a las tareas de cuidados relacionadas con la vida en familia, tareas que históricamente han sido realizadas por ellas: preparar la comida, la limpieza, los cuidados durante la infancia, etc. Estas “obligaciones” las atan a una vida que les hace tener un pie siempre dentro del hogar, de la vida privada. El estudio revela que sólo un 26% de las periodistas opina que pueden conciliar su trabajo con la vida familiar.

El otro término, techo de cristal, tiene que ver con la barrera que una mujer encuentra en su vida profesional. Está relacionado con la estructura sociopolítica, con el capitalismo de origen patriarcal. El estudio publicado por la PDLI demuestra que un 88% considera que las mujeres tienen menos oportunidades de promoción que los hombres. Las razones a las que achacan esto son mayoritariamente dos: la cuestión de la desigualdad estructural y estar más condicionadas por la esfera privada. A estos motivos se suma la falta de confianza en sí mismas. En cuanto a las posibilidades de ascenso o promoción, un 67% no tiene esperanzas de crecer profesionalmente.

El imaginario colectivo, construído a partir del capitalismo y el patriarcado, han cargado a las mujeres de prejuicios y clichés: más débiles, menos capaces, objeto de deseo… Ideas que les impiden el ascenso y la mejora de las condiciones laborales y personales. “Es fácil, en periodismo los delegados y representantes son hombres, y las que cubren las ruedas de prensa son mujeres”, critica una de las encuestadas freelance en el estudio publicado por la PDLI.

Casi la mitad de las periodistas encuestadas, un 44,8%, afirma haber sufrido acoso en línea. Además, es destacable cómo ellas sufren otro tipo de discriminaciones cuando toman contacto con las fuentes, ya que a ellas se las ve como menos profesionales, e incluso como no profesionales. Una de las periodistas, y trabajadora por cuenta propia, que han participado en la encuesta revela lo siguiente: “El trato de las fuentes hacia la mujer es distinto que hacia el hombre... Una vez entrevisté a Rafael Alberti y me tocó la rodilla y aludió a mi minifalda”.

Es de sobra conocido que ellas acceden a menos puestos directivos dentro de las empresas –techo de cristal de nuevo–, pero lo datos son inapelables: de cada tres puestos directivos, dos son ocupados por hombres. Una de las trabajadoras por cuenta ajena denuncia lo siguiente: “Si parece que hay alguna mujer arriba solo lo parece porque no se le da el papel que merece”.

Las periodistas en algunas redacciones viven situaciones de paternalismo o condescendencia. Sólo un 11% de ellas, se encargan de labores de coordinación o dirección, frente a un 54% de mujeres que se dedican a la producción de contenidos informativos o de entretenimiento. De todas las periodistas encuestadas, solo un 0,6% son tertulianas, mientras que sólo un 0,9% son columnistas. Un 95% de las encuestadas perciben que los puestos directivos están copados por hombres.

El 8 de marzo de 2018 se pusieron de relieve las reclamas de las periodistas bajo el lema de Las periodistas paramos: contra la masculinización de los géneros periodísticos de opinión, lo que provoca visiones sesgadas; la reproducción de estereotipos; la brecha salarial o el ninguneo son solo algunas de esas exigencias que recogía el manifiesto.

Los datos a los que hoy tenemos acceso demuestran cierto estancamiento en cuanto a derechos y avances en igualdad dentro del mundo periodístico. Las reclamas son las mismas. Inspirado en lo que dijo Simone de Beauvoir, el carácter y las costumbres son el reflejo de las conductas: cuando estas conductas se modifiquen, seguramente tendremos otros resultados.

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